No creo en Dios, pero si lo hiciera una de las cosas por las que le estaría muy agradecido es por la existencia de HBO. Como si sus antecedentes no alcanzaran ya para declararla como la mejor productora de contenidos televisivos de ficción del mundo, como si no hubiéramos redescubierto ya el placer y la emoción de sentarnos frente a la televisión a ver series como Sex and the City, Oz, Los Soprano, Six Feet Under, The Wire, Carnivàle, Big Love, Mad Men, In Treatment, Tremé y más recientemente la maravillosa Boardwalk Empire… Una noche de domingo, la del 26 de diciembre, un doble programa en la cadena de cable nos confirmó que, además de las estupendas series, algunas de las mejores películas de la actualidad también las produce HBO.
El doctor misericordia
Hacía tiempo que no disfrutaba de un doble programa tan notable: a las 23:00, You don’t know Jack (No conoces a Jack, 2010), sobre el debate generado en Estados Unidos a raíz del Dr. Jack Kevorkian y su campaña de “suicidios asistidos”. Al Pacino encarna a Kevorkian, también conocido como Dr. Muerte, en uno de sus mejores trabajos de los últimos años (de hecho no se lo veía tan bien desde su retrato de Roy Cohn en Ángeles en América, la adaptación de la obra de Tony Kushner que dirigió Mike Nichols en 2003 para, oh casualidad, HBO). Pero el mayor valor de la película, dirigida por Barry Levinson (Rain Man) y escrita por Adam Mazer, es volver a poner sobre la mesa un debate que está lejos de resolverse.
Kevorkian generó un revuelo mediático y judicial desde su estado de Michigan, donde debió enfrentar varios juicios por asistir a más de 130 pacientes con enfermedades terminales a la hora de quitarse la vida. Para ello, creó una máquina a la que denominó "Thanatron" (máquina de muerte) que permitía a los pacientes autoadministrarse químicos letales para poner fin a sus vidas. Sin embargo, debido al retiro de su licencia médica y la consecuente imposibilidad de acceder a las sustancias administradas, creó otro dispositivo llamado "Mercitron" (máquina de misericordia) con el que los pacientes se suicidaban inhalando monóxido de carbono a través de una máscara. En cada caso, era el paciente quien activaba la máquina, por lo que técnicamente no podía considerarse un asesinato. Debido a esto, y a los conmovedores testimonios de los pacientes y familiares que sistemáticamente grababa antes de cada suicidio, Kevorkian salió libre de cada juicio que debió enfrentar.
Pero el 23 de noviembre de 1998, en el programa 60 minutos, se transmitió una grabación en la que Kevorkian desafiaba la ley al aplicar una inyección letal a Thomas Youk, un enfermo terminal de esclerosis lateral amiotrófica de 52 años de edad. Para la derecha religiosa y conservadora, aquello se trató de un homicidio en primer grado transmitido por televisión. Kevorkian fue llevado a juicio pero prefirió representarse a sí mismo, lo que dificultó su defensa. Finalmente fue encontrado culpable de asesinato en segundo grado. Sentenciado a una condena de entre 10 y 25 años de prisión, Kevorkian sólo cumplió ocho (entre 1999 y 2007), saliendo en libertad condicional debido a su delicado estado de salud y su buena conducta.
La película es un excelente retrato de quién es Kevorkian y de por qué está convencido de que la eutanasia es un derecho humano básico. Un tipo fascinante, complejo, que podía despertar dudas lógicas sobre su salud mental o sobre su ética y moral (hizo algún comentario desafortunado sobre el exterminio nazi y sus campos de concentración) pero que argumentaba de manera contundente sobre el derecho de los pacientes a ponerle fin con dignidad a sus vidas, y sobre la obligación de los médicos a asistirlos en su decisión (aquí hay una entrevista de 1996, junto a su abogado Geoffery Fieger). Pero sobre todo la película nos desafía en nuestras propias convicciones, y nos lleva a imaginar qué haríamos eventualmente si tuviéramos que tomar una decisión semejante sobre nosotros mismos o, más delicado aún, si tuviéramos que apoyar la decisión de un ser querido llegado el momento.
Mentes brillantes y abrazos mecánicos
A continuación, 1:30 de la madrugada, HBO exhibió Temple Grandin (2010), una biopic sobre la brillante científica que lleva ese nombre. Diagnosticada como autista a los 4 años de edad, Temple Grandin (nacida en Boston, Massachusetts, en 1947) se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois, y actualmente es profesora de comportamiento animal en la Universidad de Colorado. Además, es autora de libros como Thinking in Pictures e Interpretar a los Animales, donde desarrolla los dos grandes temas que han marcado su vida: desentrañar los misterios del autismo y estudiar el comportamiento de los animales, en particular del ganado (ver un documental de la BBC sobre Temple Grandin).
Siendo una adolescente, Temple visitó una granja de ganado de sus tíos en Arizona, donde llamó su atención una máquina que se usaba para tranquilizar a las vacas cuando venía el veterinario a vacunarlas: básicamente era una especie de jaula en la que se encerraba al animal, sujetado desde su cabeza y por dos placas metálicas laterales. La presión suave que estas ejercían sobre el cuerpo parecía relajarlas, y Temple – que padecía de una constante ansiedad y frecuentes estallidos emocionales debido a su condición de autista y lo incomprensible que le resultaba el mundo exterior - decidió hacer un artilugio semejante para ella: una máquina de dar abrazos. De esa manera Temple encontraría el estímulo táctil que tanto necesitaba para relajarse pero que no podía obtener de un ser humano (por ejemplo, su madre) porque simplemente no soportaba el contacto físico con otras personas. Además, la máquina era auto manipulada, lo que le permitía a quien la usara controlar la duración y la intensidad del "abrazo" mecánico. Hoy existen clínicas para el tratamiento de niños autistas que utilizan la máquina inventada por Temple.
Poco después entró en una escuela especial para niños y jóvenes con problemas emocionales, donde descubrió su fascinación con la ciencia. Allí fue el Dr. Carlock (David Strathairn en la película) quien comprendió que lo que hacía Temple era pensar en imágenes, y la alentó a realizar algunas investigaciones, como por ejemplo sobre la representación de la perspectiva visual. Esto resultó un gran estímulo para una joven que sufría, desde niña, la incomprensión del sistema educativo y la burla constante de sus compañeros de clase. ¡El Dr. Carlock llegó incluso a despegar un cohete en su honor! Pero no sería el fin de los padecimientos de Temple, quien por su doble condición de mujer y de autista encontró en la universidad varias barreras que tuvo que derrumbar con tenacidad asombrosa, sobre todo en la industria ganadera, donde enfocó su atención a partir de su identificación natural con el comportamiento animal.
Incapaz de comprender el sufrimiento al que se sometía al ganado en los ranchos y mataderos de Estados Unidos, Temple diseñó un sistema de manejo de ganado en pie que revolucionó la industria ganadera; hoy más del 50% de los establecimientos del país cuentan con sistemas diseñados por ella. Se ha convertido en defensora de una vida y una muerte digna de los animales, y si logró llamar la atención de los empresarios ganaderos fue porque consideraba que las reformas que ella promocionaba contribuían a que la industria de la explotación animal funcionase de un modo más "seguro, eficiente y rentable". Imagino que esa última palabra fue la que más llamó la atención de los señores.
El director Mick Jackson (El guardaespaldas, Volcano) logra de manera extraordinaria ubicarnos en la mente de Temple, una mente brillante, estimulada y alterada permanentemente por pensamientos, ideas e imágenes generadas por su percepción del mundo y las personas que le rodean. De ese recurso surgen momentos muy graciosos, pero por lo general Temple Grandin (cuyo guión está basado en dos libros de la propia Temple) es el retrato conmovedor de una personalidad única, mayormente desconocida por estos lares y que merece descubrirse. La labor protagónica de Claire Danes (quien fue la Julieta de Leonardo DiCaprio, y la hija comprensiva de Meryl Streep en Las Horas) es asombrosa, habiéndole valido un premio Emmy y muy probablemente el Globo de Oro al que está nominada (lo mismo seguramente suceda con Al Pacino y su trabajo en You don’t know Jack). Pero igualmente notable está Julia Ormond en el rol de su madre Eustacia, cuya decisión de no confinar a la pequeña Temple a una institución mental (como le sugerían los médicos en aquella época) fue crucial para el desarrollo intelectual posterior de su hija.
Son increíbles las coincidencias de estas dos películas: no sólo porque revelan detalles de dos personalidades únicas, fascinantes, sino porque desnudan las hipocresías y prejuicios de una sociedad tan contradictoria y compleja como la estadounidense, donde se suele rechazar de plano todo lo que vaya contra la corriente, o todo lo que sea desconocido o incomprensible. Tanto la historia de Jack Kevorkian como la de Temple Grandin dan cuenta de cómo las luchas individuales, por más solitarias y aisladas que parezcan, son las que impulsan los verdaderos cambios en una sociedad y en el mundo. Lo de Grandin permitió, desde adentro, conocer algunos misterios de un trastorno como el autismo (antes de ella se creía que dentro de la mente de una persona autista no había prácticamente nada), y de paso revolucionar una de las industrias sobre las que se sustenta el poder económico de Estados Unidos. Lo de Kevorkian puso sobre el tapete un gran debate sobre la eutanasia que sigue abierto (y todo parece indicar que seguirá durante largo tiempo), y en mayor escala sobre cómo los fundamentalismos religiosos en Estados Unidos rigen en gran medida las leyes y las conductas de los estadounidenses.
Pero ante todo, tanto You don’t know Jack como Temple Grandin son películas extraordinarias, estimulantes, conmovedoras, que no hay que dejar pasar. Búsquenlas, consulten la programación, descárguenlas. A veces tenemos la sensación de que la cartelera de cine (y más en estas fechas transitorias) no tiene mucho de valioso para ofrecer. Pero en esos momentos, como en cualquier otro, siempre tendremos a HBO. Al menos eso esperamos.
Hace 11 horas
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada